EL RETIRO ¿CÓMO FUE?
El Retiro ¿Cómo Fue? Acabamos de compartir El Retiro del Equinoccio de Otoño en Fuenvaleria (Huesca).
Aquí tienes unos relatos de algunas de las personas que participaron.

Acampad@s entre los olivos
UNA MONTAÑA, UNA ACEQUIA...
Una montaña,
una acequia,
arboles frutales,
una tienda en forma circular
y la tribu.
Llegando de diferentes lugares para encontrarse en un solo lugar,
el corazón.
Mirarse a los ojos,
el universo en danza,
un movimiento interno que a tierra y cielo llama.
Buscar la balanza,
de adentro y afuera, respirar es el puente , habitarse el ancla.
A veces nace un suspiro, otras el llanto calma ,
a veces la risa desborda
y otras un grito brota.
El miedo también asoma, del pasado viene a pedir que te quedes,
que no te abandones.
Permanecer en ti,
eres más que tu sombra.
Se nombra al gran misterio, se cocina con amor, se pasea con mirada atenta y el agua bendice los cuerpos , corazones y almas.
Una voz y una guitarra,
el pulso del tambor ,
las voces unidas cantan
y algunos descansan.
La luna está creciente, las estrellas brillan su grandeza, el día cede a la noche y la belleza emerge omnipotente.
La belleza de encontrarse, la naturaleza, el fluir del tiempo que se hace presencia , ablandar corazas sin defensa.
La relación se vuelve danza y canto de alabanza.
Si algo toca la herida, responsabilidad es la medida, darle voz y cuerpo , autocuidado es el rezo.
El agua hizo su magia,
el sol trajo su luz,
la tierra sostuvo el encuentro,
el aire nos renovó.
Gracias, gracias, gracias
Patricia Bedós Beleta
Fuenvaleria.
Septiembre 2026

La Peña Gratal vista desde Fuenvaleria
CARLOS
Respecto al retiro: “que me parece potente y profundo. Que siento la conexión con el Gran Misterio como algo real y sentido. Que la práctica del autocuidado me trae una conciencia grande, y noto beneficios en mi carácter y mis relaciones. Y que la práctica de las relaciones que profundicé en el retiro me ha traído mucha unión e intimidad en mi vida de pareja. Muchas gracias."
MARK
Para mí, El Retiro del Equinnocio del Otoño fue una delicia. Mucho amor, mucha claridad. Mucha belleza...
Para mí también fue una oportunidad de compartir lo que estoy experimentando como una profunización de mi experiencia propia, y entendimiento de, El Camino de Las Relaciones Conscientes – y de compartir presencialmente cómo estoy intentando integrar esta profunización dentro de La Práctica de Relaciones Conscientes.
Me siento agradecido de haber podido compartir los días del retiro junt@s. Siento que nos damos tanto, que nos ayudamos tanto (¡probablemente en la gran mayoría de los casos, sin darnos cuenta!) – que nos necesitamos tanto. Por eso, me imagino, en el espacio que ha dejado el retiro, siento que está naciendo una visión para el futuro de Fuenvaleria como un lugar abierto todo el año donde la gente pueda quedarse unos días, semanas o meses – a compartir un tramo del Camino de las Relaciones Conscientes. ¡De esto habaremos más!

Nuestra Carpa
KARIMA
En este retiro, de nuevo, me ha sorprendido la gran creatividad de Mark, la capacidad de sentir y crear el espacio para acoger lo que se necesita en cada momento... Presencia, Amor, Respeto, Autenticidad, Confianza ... Intimidad.
Está intimidad, me ha permitido de nuevo poder experimentar de una manera más profunda, natural, sencilla y amorosa la conexión, la relación, conmigo misma, con el otro, con el grupo con la naturaleza, con el Misterio, con todo. Esto es lo que propone Mark con la Práctica de Las Relaciones Conscisntes y puedo decir que he podido experimentarlo.
Mi corazón sonríe y siento la alegría de poder formar parte de esta tribu.
Gracias!
JOSÉ MANUEL
Practicando juntos de nuevo, esta vez focalizándonos en la relación con el Misterio y con los otros, se produjo en mi la magia de sentirme uno y todos a la vez.
Sentí Tribu y ahora intento que ello se haga presente en el entorno de mi día a día.

MARISOL
Lo Que Sigue Vivo En Mí Después Del Retiro
Han pasado un par de semanas desde el retiro y siento que mi cuerpo conserva todavía algo de su aroma. Fue una experiencia tan vivida y sentida que tengo la sensación de que algo de aquellos días me atravesó y que, de alguna manera, sigue resonando y habitándome.
Fueron unos días muy intensos y profundos, compartidos en grupo, y me conmovió la manera en que nos fuimos encontrando unos con otros. Escuchar lo que cada uno iba compartiendo también me tocaba, me ayudaba a verme y a profundizar en lo que yo misma estaba viviendo.
Quizá el hilo que recorre todo lo vivido durante esos días es la relación: con eso más grande y desconocido que cada uno puede sentir y nombrar a su manera y, desde esa conexión, la manera de relacionarme conmigo misma, con los demás y con el entorno.
Agradezco especialmente el tiempo y el espacio que dedicamos a explorar, desde la experiencia, esa relación con lo más grande y desconocido. Al vivir esa relación desde quien soy, con todo lo que forma parte de mí, fue apareciendo en mí una profunda sensación de sostén. Poder sentir ese sostén sin tener que ser otra ni hacer nada para merecerlo, y dejar que esa sensación de descanso y confianza fuera calando en mi cuerpo, fue convirtiéndose para mí en un lugar de regreso: volver a mí y sentir la vida que corre por mí.
Quizá precisamente por haber dado tanto espacio durante esos días a experimentar ese regreso, una situación concreta hizo muy visible para mí el contraste entre relacionarme desde ese lugar de regreso, sintiéndome sostenida, y reaccionar desde un lugar diferente.
A partir de esa situación pude reconocer con mucha claridad esa parte exigente, perfeccionista y controladora, que quiere hacer las cosas bien y que a veces espera también eso de los demás. Y, después, apareció otra parte distinta: la que quiere ser buena, agradar y reparar rápidamente lo sucedido, haciéndose pequeña o apresurándose a pedir disculpas.
Lo significativo para mí fue poder ver también ese segundo movimiento sin tener que seguirlo. No necesitaba que una parte corrigiera a la otra. Podía verlas a ambas y, desde un lugar más entero, agradecer lo que la situación me estaba mostrando y poner palabras a lo que realmente se estaba moviendo en mí, reconociendo que aquello que se había despertado en mí me pertenecía y que podía hacerme responsable de cómo quería relacionarme con ello.
Fueron las partes que pude reconocer con mayor claridad en aquella situación. Sé que pueden aparecer otras. Y, sean cuales sean, poder verlas, darles un lugar y no necesitar apartarlas me ayuda a ir reconociéndome cada vez un poco más entera, como si distintas piezas de mí fueran encontrando su lugar.
Cuando hablo de regresar a mí, no me refiero a volver a un estado determinado ni a dejar de reaccionar. Para mí es volver a sentir mi respiración, mi cuerpo y ese sostén; poder reconocer qué está sucediendo dentro de mí y desde qué lugar estoy viviendo lo que ocurre. A veces es alguna de esas partes la que se ha activado y ha tomado la delantera; otras veces puedo darme cuenta antes. Y cuando puedo regresar, siento que aparece un lugar algo más amplio desde el que esa parte también puede estar, sin tener que ocuparlo todo.
Desde ahí voy comprendiendo también de otra manera lo que significa sentirme sostenida. No como una forma de aguantar lo que la vida traiga, sino como la posibilidad de dar cabida a lo que estoy viviendo —al dolor y también al placer, a lo difícil y a lo bello—, seguir estando conmigo mientras lo vivo, poder acercarme con más curiosidad y ternura a lo que esa experiencia despierta en mí y observar desde dónde la estoy viviendo.
Algo de todo esto está entrando poco a poco en mi vida cotidiana. En mi relación de pareja, como los dos compartimos el retiro, a veces utilizamos una palabra muy sencilla: “respira”. No como una orden, sino como un recordatorio compartido para parar un momento, respirar y, a través de esa respiración, regresar al cuerpo antes de continuar la conversación desde otro lugar.
Siento que sigo aprendiendo a relacionarme conmigo misma con más ternura y, desde ahí, a volver al encuentro con los demás y con lo que me rodea, más abierta a recibir la vida tal como vaya llegando.
Al mirar lo vivido, me queda una profunda gratitud: por Mark, por cada una de las personas con las que compartí esos días, por la manera en que nos fuimos encontrando y por la vida misma, que sigue ofreciéndome relaciones y espacios en los que descubrirme, regresar a mí y volver al encuentro.


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